En las conversaciones del camino (Adviento hacia la Navidad), se respirar un ambiente de alegría y de humildad. En cómo van hablando los protagonistas, en la santidad que transpiran los personajes que salen a nuestro encuentro para saludarnos (Isaías, Juan Bautista...) y lo noto en mis propósitos. Si quiero hacer más y mejores bienes, tengo que ser alegre y humilde. Desalojar de mi desván "trastos" que he comprado en el mercadillo de la soberbia y del orgullo. En la mirada, en las obras. Si quiero entender al Niño que va a nacer pronto, he de ser humilde. Quiero que Dios me ayude a ser humilde en todas las ocasiones que se presenten. Las cosas me superan, me agobio..., pero con la ayuda de Dios -cosa que le pido intensamente-, seré más humilde.
