Ya estamos en los días previos en los que hay que sincronizar hasta los movimientos. Hay que dejar lugar a Cristo en el corazón, encender el fuego del amor a Dios, cubrirlo con las cenizas de la humildad para que no se apague -callar y esconderse-; hay que sintonizar la emisora de Dios y sincronizar los tiempos para no adelantarnos ni quedarnos atrás. Sobre todo, lo que hay que apartar de nosotros, para vivir los próximos días es el ruido; el exterior -a ser posible-, y el interior, imprescindible. Con tanto trasto y mucho ruido, esta navidad no se diferenciará de otras anteriores. Como no queremos eso, vamos a aprovechar esta corta semana para tener todo bien dispuesto. No perdamos la oportunidad.
