En las vísperas del gran día, de la primera Eucaristía en la tierra, de la presencia visible de Dios entre nosotros, sólo nos pueden quedar unas palabras de agradecimiento por ser cristianos. Los grandes protagonistas de la Navidad, junto con el Niño Jesús, somos los cristianos. A pesar de todos los ataques que podamos recibir, las difamaciones y mentiras que se puedan lanzar contra la Iglesia y el estilo de vida propia, debemos sentir la alegría de dar al mundo ese tinte de color cristiano. No esperemos que nos lo agradezcan…, que no lo harán. Pero esa es nuestra obligación: Transformar el mundo con tres pinceladas: el ejemplo, la palabra y la oración.
