Lo peor que puede sentir una madre cuando se acerca a su hijo pequeño con intención de darle un beso, es pensar, en ese momento, que ese niño es un desconocido para ella. Me imagino una jarra llena de amargura la que cae de repente sobre su corazón. Si siente esto, lo abrazaría con más fuerza y gritaría más alto su amor, su dolor. Se acerca el momento en que nos pongamos delante del Niño Jesús en Belén. Aunque así nos parezca, no es un desconocido, ni lo podemos saludar como si no nos tocara nada. Sintamos la amargura de saludarlo de esta manera. Porque no es lo mismo, lo mismo que no lo es para la madre.
