15 de diciembre de 2011

IV DOMINGO DE ADVIENTO

EN 3D

18 DE DICIEMBRE DE 2011

Este es ya el último domingo, la última parada en el camino de Adviento antes de entrar de lleno en los días de Belén, de Navidad. Hemos de considerarla como la última cita en donde se completa todo el proceso y la liturgia que nos ha permitido contemplar dentro de estas semanas de preparación a la Navidad cristiana varias consideraciones. Hemos ido encontrándonos con los distintos personajes que han protagonizado, de distintas maneras, aquel acontecimiento de hace dos mil años, cuando llegó a la tierra el Mesías, el Hijo de Dios.
La liturgia nos ha ido presentando diferentes escenas del Evangelio que nos han permitido seguir los pasos de tres grandes testigos de la espera del Señor: Isaías, Juan el Bautista y, hoy domingo, la Virgen María. Es el mensaje de la Virgen lo que en este último domingo se nos ofrece, y vale la pena que nos detengamos en el conocido relato de un encuentro íntimo y sobrenatural.
Si pudiésemos hacer como Word Disney, sacar una película antigua para volverla a proyectar en 3D, aparecerían en pantalla varios trazos de la Anunciación que nos pueden ayudar también a nosotros a comprender la obra de arte de nuestra propia vida cuando dejamos que la pinte y la inmortalice el talento de Dios.
Un primer plano. El Arcángel Gabriel le dice a María: “No temas”. Cada vez que escucha esta frase, tengo la impresión que, hoy más que nunca, van creciendo el número de creyentes que tienen un secreto miedo a Dios, como si lo que Él nos fuese indicando fuera algo inevitable, pero también indeseado. Pues no tener miedo a Dios, porque cuando de tantos modos Él nos propone es a nuestro favor, para nuestro bien, lo más correspondiente con nuestro corazón.
Un segundo plano. El Arcángel vuelve a decirle a María: “Ahí tienes a tu pariente Isabel”. Mira a tu prima Isabel. Nos seguimos asombrando: El ángel no está proponiendo a María una definición teórica, una fórmula matemática o un teorema complicado. Le está proponiendo que mire una historia reconocible. Reconocer que la fidelidad de Dios se hace historia y se hace geografía, en las personas y en los lugares en donde se nos ha narrado el amor de Dios. Por eso, deberíamos descubrir en nuestra vida a dónde mirar, a quiénes mirar, para que nuestros ojos no queden cegados por el sin sentido mezquino que nos imponen todos los excesos con que a veces nos hacemos daño.
Mirar a Isabel significó en María, y puede significar en nosotros, descubrir que el Señor nos consuela y nos estimula haciéndonos ver de un modo plástico y realista, que cuanto nos propone no es una ilusión inalcanzable, sino una historia verificable en personas significativas que el mismo Señor nos pone al lado como una dulce compañía en la aventura de vivir y de creer.
Un tercer plano. Es el resultado de los planos anteriores unidos. Esa historia tiene su punto culminante en el envío de Jesús, el Hijo de Dios, nacido de mujer en la plenitud del tiempo. Pero ese punto es posible por el “sí” de una joven que se fió de Dios y que creyó hasta el fondo que todo eso que es imposible para los humanos, no lo es para Dios. María dijo “sí”, y en ese “sí” Dios escribió el suyo eterno. El Señor nos conceda entrar en esos dos “síes”: el de Dios y el de María, porque ahí está llamado a entrar también el nuestro como parte de esa misma conversación.
QUE ASÍ SEA