23 de diciembre de 2011

NOCHEBUENA. NAVIDAD

UN MISTERIO QUE TOCA LAS FIBRAS DEL CORAZÓN

24 DE DICIEMBRE DE 2011

Feliz Navidad, felices pascuas. Feliz Nochebuena. Estamos celebrando la Natividad del Señor. Este saludo está recorriendo por todos lados y en todos los rincones de nuestro pueblo. Pero asegurémonos que, también en el momento actual, el intercambio de los saludos no pierda su profundo valor religioso, y la fiesta no sea absorbida por los aspectos exteriores, sino por aquellos misterios que esta noche han de tocar las fibras más sensibles de nuestro corazón.
Es verdad que los signos externos que nos rodean son hermosos y tienen su importancia, siempre que no nos distraigan, sino que nos ayuden a vivir la Navidad en su verdadero sentido –aquello sagrado y cristiano-, de modo que tampoco nuestra alegría sea superficial, sino profunda.
La Navidad no es un simple cumpleaños de Jesús, que también, sino sobre todo, es celebrar un Misterio que ha marcado y continua marcando la historia del hombre; un misterio que conmueve nuestra fe y nuestra existencia; un misterio que vivimos en las celebraciones litúrgicas, y en especial en esta misa “del Gallo”.
Seamos atrevidos y preguntémonos: ¿cómo es posible que yo viva ahora este acontecimiento tan lejano en el tiempo? ¿Cómo puedo participar provechosamente en el nacimiento del Hijo de Dios, ocurrido hace más de dos mil años? La respuesta es bien clara: En esta Santa Misa de la Noche de Navidad. Lo hemos dicho al principio, y lo volveremos a repetir: “Hoy ha nacido para nosotros el Salvador”. Esta Noche se sobrepasa los límites del espacio y del tiempo y se vuelve actual. Con toda certeza: “Jesús nace hoy”. Para nosotros, los creyentes, la celebración de la Navidad renueva la certeza de que Dios está realmente presente con nosotros, todavía “carne” y no sólo lejano: aun estando con el Padre está cerca de nosotros. Dios, en aquel Niño nacido en Belén, se ha acercado al hombre: nosotros lo podemos encontrar todavía, en un “hoy” que no tiene ocaso.
Tenemos que ser realistas e insistir en lo mismo de siempre. Porque al hombre de hoy, al hombre que sólo nos entra las verdades por la razón, por lo que se pueda demostrar materialmente, se le hace cada vez más difícil abrir el horizonte y entrar en el mundo de Dios. Cuesta mucho esfuerzo entender que es Dios mismo quien no solo le ha hablado al hombre, que le ha mostrado signos maravillosos, que lo ha conducido a través de la historia de la salvación, sino que se ha hecho hombre y permanece hombre. El eterno Dios ha entrado en los límites del tiempo y del espacio, para hacer posible “hoy” el encuentro con Él.
La Encarnación del Hijo de Dios aparece no solo como inicio y la condición de la salvación, sino como la presencia misma del Misterio de nuestra salvación: Dios se hace hombre, nace Niño como nosotros, toma nuestra carne para vencer a la muerte y al pecado. Decía San Basilio que Dios asume la carne justo para destruir la muerte en ella escondida. Como los antídotos de un veneno, una vez ingeridos anulan los efectos, y como la oscuridad de una casa se disipa a la luz del sol, así la muerte que dominaba sobre la naturaleza humana fue destruida por la presencia de Dios.
Hoy comenzamos a vivir el culmen de la historia del amor entre Dios y el hombre. Una historia que pasa a través del pesebre de Belén y del sepulcro de Jerusalén.
Feliz Nochebuena a todos.
QUE ASÍ SEA