FOROS Y PÚLPITOS CALLEJEROS
22 DE ENERO DE 2012
Cuando dos personas o un grupo de personas no tienen nada de qué hablar, se suele decir que es muy socorrido hablar del tiempo que hace o que ha dicho la tv que va a hacer en los próximos días. A nadie se le ocurre hablar de algo o de alguien que nos interesa o que nos llega de cerca, sino de algo que queda fuera del corazón, que queda al margen de lo que nos preocupa..., porque hablar del tiempo es hablar por hablar y que no nos compromete a nada.
Y esto podría ocurrir incluso cuando hablamos de Dios: se comentan las lluvias, fríos y nieve de los últimas días, sin que ello influya para bien o para mal en nuestras vidas.
Y nos preguntamos, ¿qué tiene que ver todo esto con lo que realmente nos interesa, que es la recesión económica que nos aprieta en la cuesta de enero, febrero..., y la cuesta arriba de todos los meses? ¿qué tiene que ver con esa absurda enemistad que mantengo con ese vecino, ese familiar, esa persona conocida que me lleva a ignorarla, cuando no a odiarla? ¿qué tiene que ver con tantas guerras lejanas algunas y cercanas casi la mayoría? ¿qué tiene que ver con esa enfermedad detectada hace poco, o con la muerte inesperada de esa persona que cambia el rumbo de nuestra vida y que parece que nos va a quitar toda la alegría y la esperanza? ¿qué tiene que ver todo eso con las soledades en las que vivimos y que nos llevan a la tristeza y a la depresión?
Y así podríamos preguntarnos una tras otra esas preguntas a las que ponemos caras, nombres y peso. Preguntas que se hacían los hombres en tiempos de Jesús y que tenían su importancia, como las siguen teniendo ahora y que nada tienen que ver con ese perder el tiempo tontamente en foros, púlpitos o barandas de nuestro pueblo.
Y entonces vino Jesús, apareció en la historia y paró el tiempo viejo, haciendo sonar el despertador con esta homilía: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios, está ya entre nosotros..., convertíos y creed la Buena Noticia". Cristo ha venido a esta tierra a decirnos algo así como: "¡Ya está bien!", "¡se ha cumplido el plazo!". Y esto lo ha dicho porque en el momento en que Cristo puso su pie en la tierra dio comienzo otra realidad. Ya se acabó aquello de que un hermano mate a otro hermano, que los hombres se crean más que Dios para hacer lo que quieran, que Dios no vive en la palacio de la Bolsa y de los Mercados.
Que es posible comenzar otra historia, otro modo de ser humanos. Que nosotros somos capaces de recuperar los planes primeros de Dios. Desde el padre de familia, pasando por el político, el maestro, el agricultor, el carpintero, terminando por jóvenes, niños, adultos y ancianos.
Y para eso vino Jesús: para mostrarlo en su Persona, para concedérnoslo con su Gracia, para acompañarlo con su Presencia y su Palabra, para recordarlo con su Iglesia.
Hace no más de quinientos años que hubo gente en Mancha Real que escucharon este mismo evangelio y algunos siguieron hablando del tiempo. Ha habido miles que lo creyeron, le dieron tanto crédito que cambiaron sus vidas, es decir, se convirtieron, y por esos casi todos nosotros hoy estamos aquí. Fue un modo de escuchar esa noticia buena que se transformó en seguimiento de Jesucristo, y se fueron con Él a vivir y a desvivirse por Él y los demás.
El tiempo de Dios había empezado a sonar. Pequeñas pero imparables, comenzaron a sonar las campanadas de la esperanza y la alegría, de la paz y a caridad. Era le gracia de Dios hecha acontecimiento para la historia.
Nosotros podemos hacer hoy dos cosas: o hablar del tiempo o escuchar con recogimiento este Evangelio, siguiendo a Jesús, viviendo con y como Él, construyendo el Reino de Dios. Es el riesgo apasionante de nuestra libertad.
QUE ASÍ SEA
