LOS MOTIVOS DE SER CRISTIANO
6 DE ENERO DE 2012
“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Ésta es la sencilla razón que dan unos astrólogos de la antigüedad, a las autoridades judías, para justificar su presencia en aquel país lejano al que han llegado tras un penoso camino que emprendieron abandonando la serena vida en su propio país.
Si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta que es la misma justificación y razón que han conducido a tantos y tantos hermanos nuestros a dejarlo todo por el Señor. Y es igualmente la razón hoy día de nuestro caminar cristiano, haciendo esfuerzos por abandonar la tranquilidad burguesa de esta sociedad tan permisiva, donde todo está permitido, porque no quiere muchos quebraderos de cabeza.
Pero a veces la estrella, como les pasó a los Magos de Oriente, se oculta, y las sombras de la noche se adueñan de todo ocultando el camino y suprimiendo todas las orientaciones que se nos dan positivamente. Cuando esto sucede, siempre hay quien puede ayudarnos porque el camino sigue estando ahí. Pero también hay quienes, aprovechando la oscuridad, engañan al viajero, como Herodes con su información malintencionada. Lo que hoy sucede, por lo que se refiere a ese conjunto de verdades elementales que están en la base de la convivencia entre los hombres, es objetivamente grave. Hoy se da un ataque organizado y sin tregua a la Verdad dada a conocer por Dios y a su principal institución como es la Iglesia.
¡Cuántas veces, y por diversos motivos, la estrella que guiaba nuestros pasos se oculta y la oscuridad nos envuelve! La ilusión y el entusiasmo con que se inició un proyecto se esfuman. ¿Cómo puede ser que lo que ayer era luz y entusiasmo hoy sea oscuridad y decepción? Nos puede suceder en el trabajo, en las preferencias, compromisos y en la vida cristiana. Al amanecer vemos claro, al mediodía dudamos y al atardecer todo parece oscuro.
Ante todo esto, es preciso contar con la eventualidad de que la estrella del entusiasmo se apague porque Dios desea que no nos movamos por puro entusiasmo, sino por la luz de su Palabra. No debemos tolerar que las oscuras luces del capricho o del cansancio desplacen la luminaria del Evangelio.
En esos momentos críticos, en que se pueden tomar decisiones lamentables, malogrando fidelidades de mucho tiempo, hay que hacer como los Magos: preguntar a quien conoce el camino y puede orientarnos. Ha sido el mismo Jesucristo quien ha dado a su Iglesia la seguridad de la doctrina, la corriente de gracia de los Sacramentos, de personas para orientar a las almas, para conducir a la salvación, para traer a la memoria el camino que conduce al cielo. Lo ha hecho por medio de la Palabra de Dios, de los Sacramentos, del testimonio y el ejemplo de gente como nosotros que supieron construir con sus vidas un camino de fidelidad.
Si nos dejamos guiar por la estrella que brilló al comienzo del camino cristiano emprendido y no por el resplandor pasajero del entusiasmo, encontraremos al final a María, a José y a Jesucristo, Luz y Esperanza de las naciones.
QUE ASÍ SEA
