16 de marzo de 2016

JUEVES SANTO

NOCHE DE INTIMIDADES
JUEVES SANTO
24 de Marzo 2016


        Hemos comenzado las celebraciones del Santo Triduo Pascual, en el que vamos a vivir el desenlace final de una historia de Amor por la que Dios quiso mostrarnos a su Hijo Jesucristo, en su decisión de salvarnos.
         Y ahora estamos rememorando el acontecimiento del Jueves Santo, aquella memorable Cena en la que tuvo lugar un apretado recordatorio que se hará memorial para todos nosotros, los cristianos de esta hora. Jueves Santo. Jueves en el que dar gracias por el amor fraterno, por la Eucaristía, por el sacerdocio santo. Tres rasgos de la mirada de Dios, de su compañía, de lo mucho que nos quiere a cada cual, año tras año en esta historia de veinte siglos, sea cual sea nuestro nombre, nuestra edad, nuestro gozo esperanzado o nuestro momento de dificultad. Vayamos por partes:
         Fue una noche de intimidades. Jesús comenzó a orar al Padre diciendo lo mucho que le importaban aquellos que el Padre le confió, los apóstoles, los discípulos, los que le seguían… Y sin quererlo remediar, se les escapaban los sentimiento y los afectos de amor, por los que estaba dispuesto a entregar a los suyos. Dios Padre y aquel pequeño grupo, dos amores distintos pero inseparables en el Corazón de Jesucristo. Jesús se fiaba del Padre para venir hasta nosotros y abrazarnos y para darse por entero. Entregarse a nosotros para intentar que comprendiéramos aquel gesto supremo de amor. Y así transcurrió aquella cena en la que no hubo más postre que la declaración amorosa de parte de Jesús: el amor al Padre, el amor a aquellos hermanos. Una noche que vino a contar entre manteles fraternos lo que toda una vida de mil modos había entregado.
         Pero también aquel amor tenía una dimensión humana y fraterna. Amor de hermano, amor eucarístico, que se hace gesto al ponerse a lavar los pies de los discípulos. Aquellos pies que no siempre anduvieron rápidos, ni ágiles por los caminos de Palestina; unos pies que no siempre frecuentaron los caminos ciertos por los que Dios mismo había abierto para encontrarse con nosotros… Pero los pies de aquellos apóstoles, ciertamente confusos, sucios, llenos de polvo, cansinos y cansados…, son los que Jesús quiso lavar con sus manos, y secar con cuidado, como un modo hermoso e insólito de repetir lo mucho que nos había amado.
         Y, ¿quiénes son hoy los pies que pueden ser lavados? Ciertamente que los de estos niños de Primera comunión no tienen nada de parecido con aquellos otros. Todavía viven en la inocencia. ¿Quiénes son hoy los que tienen los pies gastados de tanto ir de aquí para allá, buscando una puerta de salida para sus agobios económicos, sus desgracias, sus lutos y fracasos? Esos pies que terminan en la puerta del Convento de la Fuente la Villa, en las pequeñas instalaciones, donde un equipo de voluntarios de Cáritas los acogen, delante del párroco para pedirle que le van a cortar la luz, delante del humilde complejo de Cáritas en Alcaudete, para recoger un poco de alimento y de ayuda para seguir adelante.
         Pues por medio de nuestra querida Cáritas en Alcaudete, Dios mismo se pone a lavarlos. Él conoce el interior del corazón, Él sabe de tantos caminos polvorientos, rotos y rasgados como muchos de los nuestros.
         Y, finalmente, a aquellos discípulos les quiso confiar lo más sagrado. Y los hizo sacerdotes, ministros sin cartera de poderes, ministros que sirven para servir a los hermanos. Como el Padre le envió a Él, así ahora Él enviaba a aquellos pescadores, recaudadores, gente ruda, sin estudios…, que tuvieron el privilegio raro de haberse encontrado con Jesús, el Mesías anunciado y esperado. Jesucristo, Sumo y Único Sacerdote, invita a aquellos discípulos a seguir su ejemplo confiándoles su secreto y compartiendo con ellos el divino encargo.
         Los amó hasta el extremo. Había llegado la hora. Intimidades del alma, lavatorio de los pies y una misión sacerdotal puesta en aquellas manos. Todo esto, materia más que suficiente, para que pasemos largos ratos hablándolo con el Señor en el Sagrario.


QUE ASÍ SEA