16 de marzo de 2016

VIERNES SANTO

¿QUIÉN SOY YO EN ESTE DRAMA?
VIERNES SANTO
25 de Marzo 2016

  
       Tal día como hoy, tuvo lugar el drama de Jesús que con su entrega nos salvó. En aquella Pasión que acabamos de escuchar no es ajena a ninguno de nosotros, porque, queramos o no, allí estabas tú, allí estaba yo. Si volvemos a releer la pasión, descubriremos que allí se habla de cada uno de nosotros.
         Retomemos el ambiente. Desde hacía unos días había un clima enrarecido en la ciudad de David, en Jerusalén. La conspiración fue subiendo de tono. El hartazgo de los unos y de los otros, había llegado a una intolerancia radical y clara, y sin más prórrogas deciden matar a Jesús. Bastaba la ocasión, algún traidor, y fijar el momento con toda la negra nocturnidad y la más infame alevosía.
         Una frase quedó ayer tarde sobre el aire en este templo: El que moja el pan en mi mismo plato… Aquel discípulo se fue a buscar a sus compradores que mal pagaron con treinta monedas lo que no tenía precio. Más tarde se acercó para darle un beso y rubricar la traición definitivamente.
         Y fue allí el inicio de la “madrugá” de aquel primer Viernes Santo de la historia. De un sitio a otro, de Anás a Caifás, de Caifás a Pilato, de Pilato a Herodes, de nuevo a Pilato, al populacho, y del populacho a la Vía Dolorosa. El amor aquella noche se oscurecía con luz propia. Todos salieron asustados, aunque sólo Judas se desesperó.
         Conocemos el desenlace posterior. Había que pintar de sangre el duelo pre-martirial a quien luego crucificarían. Más lastimero era el espectáculo de un Jesús azotado, expoliado, coronado de espinas, y más ellos se envalentonaban pidiendo desaforados la crucifixión sin medida.
         Aquel Viernes Santo, el amor más increíble, el más inmerecido, el menos comprendido, estaba domiciliado en la Calle de la Amargura. La vía Dolorosa no dejó de ser lo que era: esa calle comercial, de chismes, de intereses, de fanfarria… Y nadie dejó de hacer lo que hacía, al ver pasar a otro malhechor más, se decían. Ellos a los suyo, mientras Dios en trance de pasión pasaba en medio de ellos. Otros confusos al ver revestido de tanto mal a quien tanto bien dejó a su paso en sus vidas. Un forastero, llamado Simón de Cirene. Dimas, el buen ladrón que hizo su mejor robo, el más honrado, el que le salvó. Nada menos que le robó una salvación cuando ya nada podía hacer. Toda una vida malgastada y podrida, que en ese instante vuelve a nacer.
         María y Juan al pie de aquella cruz, con lo mejor de una humanidad no rendida, que creyeron en lo que el Señor les dijo y les decía, en cuanto les fue dando y en lo que entregaba de modo extremo en aquel mediodía. La Madre y el discípulo hecho hijo. Allí María engendró a todos los hermanos de Jesús, al pie de aquella cruz, a la sombra de una muerte que nos trajo tanta vida.
         Y ante todo esto, ¿quién soy yo en este drama? ¿Qué nombre tienen mis actitudes con las que yo mismo estaba allí en aquel interminable primer Viernes Santo? Algo de todos ellos tengo yo. Basta ponerme bajo esa mirada con la que Jesús Nazareno me mira en la Calle de mi Amargura. Las acciones, las omisiones, los pensamientos, las palabras… ¡cuántas cosas me disfrazan de aquellos personajes de la vía Dolorosa que vieron a Cristo pasar!
         Dentro de unos minutos adoraremos la Cruz del Señor de la Misericordia y vamos a mirar a quien cerró los ojos, para después abrirlos el domingo de resurrección. Como tampoco olvidamos a quienes prolongan con sus sufrimientos, con sus desgracias, con sus desamparos y desesperanzas, la Pasión de Jesucristo. Hoy los crucificados por el paro y el desempleo, por la violencia de todo tipo, las guerras, por el engaño y la corrupción, por la indiferencia de los poderosos, deben reconocerse junto a Cristo crucificado que en ellos vuelve a sufrir la pasión.
         Oraremos por toda la Iglesia, por toda la Humanidad. Por todas las necesidades que nos encontramos en medio de nosotros, con la intención de poner de nuestra parte para poner una poco de solución.


QUE ASÍ SEA