24 de junio de 2016

DOMINGO XIII TIEMPO ORDINARIO

DISCÍPULOS Y NO POLICÍAS

26 de Junio, 2016

         El pasaje del Evangelio que nos ofrece este domingo el Evangelista San Lucas se parece más a una especie de diario de viaje. Todo el camino de subida a Jerusalén, una larga subida que dura todo el ministerio público de Jesús junto a sus discípulos y que sirve para ir desentrañando los misterios de la Buena Noticia.

         Así, poco a poco, se van agrupando los lugares, las circunstancias, y sobre todo, los rincones del corazón humano que ven llegar y pasar a Jesús por sus más íntimas rendijas. Así, en el Evangelio de este domingo se van sumando una serie de escenas de estas donde se ve a Jesús al lado de los suyos, mientras van todos camino de Jerusalén. Un camino que conducía a una meta difícil pero insalvable, porque era el final de la vida humana del Señor. Como estribillo en este final de trayecto, aparece lo que en realidad ha sido la constante de toda la existencia de Jesús: Ser anunciador, ser quien inaugura en la tierra el Reino de Dios.

         La vida de todo discípulo de Jesús siempre será un camino, un subir a Jerusalén, en cuya andanza lo determinante y lo decisivo será el seguimiento a Cristo, la pertenencia a Él, la adhesión a su Persona, la escucha de su Palabra, la vivencia de su misma Vida. La vida cristiana no es una organización, una estrategia, una programación moralista, ni un marketing religioso. La vida cristiana ha sido y es una pertenencia a Jesucristo, vivida como peregrinos y caminantes, mientras vamos subiendo a la Jerusalén eterna del cielo. Por esta razón era improcedente por parte de los discípulos, mandar al fuego a los que no acogieron a Jesús, cuando ellos a su vez también le rechazaban al estar aplazando su seguimiento cuando les invitó a seguirle.

         Nosotros, acaso podemos caer igualmente en una vivencia cristiana intolerante de los otros, cuando tantas veces tenemos demasiadas excusas para vivir un seguimiento de Jesús que se haga pertenencia real de nuestro corazón al Suyo. Ojalá que no permanezcamos indiferentes ante tantos rechazos al Señor, pero la mejor manera de mostrar nuestro dolor por esos rechazos no es la venganza en cualquiera de sus formas, sino nuestra acogida cordial y grande del Señor y de cuantos Él ama. Sería hipócrita escandalizarnos e indignarnos por tantos desmanes como pueden suceder en nuestro mundo, si a nuestra medida y en nuestra proporción nos sucede a nosotros también.

         La actitud justa de quien ve en otros la fuga y el desprecio hacia el Señor, no es pedir fuego sobre ellos, sino seguirle a donde Él diga “Sígueme”, pertenecerle cada vez más desde nuestro lugar en la Iglesia y en el mundo. Porque siempre estaremos tentados de entonar soflamas para los demás afeándoles sus incoherencias y pecados, tantas veces para evitar mirarnos nosotros en el espejo de la verdad.

         La confrontación de nuestra humilde verdad con Jesús que nos invita a ser sus discípulos, pasa por el seguimiento real de la vocación recibida. Porque estar junto a Jesús no nos constituye en sus policías, sino en sus discípulos. Sólo cabe seguirle hacia delante, sin mirar hacia atrás.



QUE ASÍ SEA