13 de junio de 2016

HOMILÍA XII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

Estadística sobre Cristo

18 de junio de 2016

     Podríamos pensar que esto de las encuestas es un invento de la estadística moderna, pero hace ya muchos siglos que se han hecho. En el Evangelio de este domingo se nos habla de una de ellas que Jesús hizo a los discípulos: quién dice la gente que soy yo. Es un sorprendente escrutinio por el que Jesús les puso a prueba. El Señor, tras las últimas correrías apostólicas con los suyos, se retira como tantas veces a un lugar apartado para orar con ellos. Verdadero ejemplo para todo discípulo, sea cual sea nuestra vocación cristiana: acción y contemplación, hablar a los hombres sobre Dios y a Dios sobre los hombres. Jesús entonces les hace la gran pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?”.
     Suponemos el asombro escurridizo o acaso la pasión en responder entre aquellos hombres que convivían con el Maestro. Los discípulos fueron contestando como pudieron a ese muestreo improvisado: unos dicen que eres el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas. Entonces Jesús les hizo la pregunta verdaderamente crucial: y vosotros, quién decís que soy yo… tú, concretamente tú, ¿quién dices que soy yo?
            Esta es la gran pregunta que alguna vez en la vida, un verdadero cristiano debe saber contestar. Porque el riesgo consiste en tener ideas sobre Cristo, en conocer de Él lo que dicen las encuestas, o los medios de comunicación, o cualquier poder dominante. Y entonces, nos hacemos repetidores de una idea sobre Jesús completamente prestada, del todo ajena a los centros de nuestra vida: el amor amable, el dolor doliente, el recuerdo presente, el camino cotidiano, la muerte hermana, la espera cierta. Porque decir con mi vida y desde mi vida quién es Jesús para mí, supone decirlo desde todas estas realidades, con todas estas situaciones que son las que construyen y edifican mi existencia.
            La mejor respuesta a la pregunta de Jesús, es la que se dice y se narra siguiéndole cada día, perdiendo la vida por Él y por los hermanos. Es una pregunta que no podemos zanjar desde respuestas en préstamo. Habrá quien responda desde el arte, o desde la literatura, desde la historia de las religiones, pero sólo podrá decir quién es en verdad Jesús aquél que se haya encontrado con Él, como sucedió con los discípulos. Jesús no es una cantata polifónica, ni una bella escultura, ni una conmovedora novela, ni un líder religioso entre tantos otros. Es un tú real que irrumpe en la vida, la abraza como nadie y para siempre, la transforma misericordiosamente, la llena de gracia y ternura, de sentido y significado. Como decía el gran escritor André Frossard: Dios existe, yo me lo he encontrado. Sólo quien se haya encontrado con Jesús puede hablar con verdad y con amor de Él. Y sólo alguien así puede dar testimonio creíble del Resucitado.


QUE ASÍ SEA