24 de junio de 2016

XVI DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

PRISAS Y ARREBATOS

17 de Julio de 2016

         La llegada de Jesús a aquel pueblecito de Betania, donde vivían sus mejores amigos, supone siempre una ocasión para mirar a Jesús como a un hombre perfecto, que trata con los demás, derrochando cariño y humanidad.
         El pasaje del Evangelio de este Domingo, transcurre en aquella tan querida casa en Betania, donde tres hermanos (Lázaro, Marta y María) gozaban de su amistad en más de una ocasión. En todas las veces que pudieron gozar de unos instantes, se produjo un diálogo entre los hermanos, en esta ocasión entre Marta y Jesús, que no podemos caer en el peligro de reducirlo, como en algunas ocasiones se ha hecho por los entendidos. Da pena leer que María es aquella mujer contemplativa, “que no sabe hacer nada”, y Marta, la mujer activa “que tiene que hacer su tarea y la de su hermana”. Pues desde esta visión limitada e injusta, se produce el elogio de Jesús hacia la aparentemente más criticada: “María ha escogido la mejor parte”, en beneficio de la vida contemplativa, pero en contra de la actitud representada por Marta, que se presenta como demasiado atareada y nerviosa.
         Si mantenemos esta interpretación injusta, pudiera parece que María era una aprovechada, mientras que Marta era el personaje disipado, cubierta por el privilegio de su hermana. Es decir, María escuchaba al Maestro de Nazaret y Marta pagaba el precio del “lujo” contemplativo de su hermana.
         Pero lo que Jesús “reprocha” a Marta no es su actividad frenética, sino que realice su trabajo perdiendo la paz, agobiada, murmurando en hebreo o en arameo, hasta el nerviosismo que llega a hacer olvidar la única cosa necesaria, en el afán de tantos otras cosas que no lo son. Por tanto, Jesús no está propugnando y menos aún alabando la holgazanería de quien quiere “escurrir el bulto”, sino la primacía absoluta de su Palabra.
         Esta escena trata de alentarnos sobre los dos extremos que un discípulo de Jesús debería de evitar: tanto un modo de trabajar que nos haga olvidadizos de lo más importante, como un modo de contemplar que nos haga inhibidores de aquellos quehaceres que solidariamente hemos de compartir con los demás.
         Pero creo que hoy corremos más riesgo de olvidar esa actitud de enfrentamiento para escuchar a Jesús, de dedicar tiempo a su Palabra y a su Presencia. Hijos como somos de una cultura de la prisa, del arrebato, del estrés, de buscar la eficacia por la eficacia, lo que no está de moda es la gratuidad y por ellos tanto nos cuesta rezar de verdad, y ello explicaría en buena medida cómo trabajando a veces tanto –incluso en cosas de la Iglesia y del Evangelio-, tenga en ocasiones tan poco fruto todo nuestro esfuerzo y dedicación.
         La tradición cristiana ha resumido esta enseñanza de Jesús en un binomio que recoge la actitud del verdadero discípulo cristiano: contemplativo en la acción y activo en la contemplación, como decía San Ignacio de Loyola, o le expresó mejor San Benito, con su ya más que conocida frase: “ora et labora” –reza y trabaja-. Dicho de otra manera, que todo cuanto podamos hacer responda a esa Palabra que previamente e incesantemente escuchamos, y al mismo tiempo, que toda verdadera escucha del Señor nos lance no a un egoísmo piadoso sino a un trabajo y a una misión que edifique el proyecto de Dios, su Reino. Sólo así Betania será para nosotros hoy la síntesis en donde sabemos reposar junto al Maestro y por amor a Él sabernos desgastar por cuantos Él ama.


QUE ASÍ SEA