24 de junio de 2016

XVIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

MONUMENTO AL “DIOS DINERO”

31 de Julio, 2016

Alguien de entre la muchedumbre que escuchaba atenta a Jesús, llama su atención para que aclare y ponga las cosas en su sitio en un tema de herencia familiar. Como en muchas ocasiones, en una familia se ha montado una trifulca por la herencia de un difunto. Aparece en escena ese “poderoso caballero, que es don dinero”, el que nos hace acercarnos al desearlo excesivamente; es tremendamente atrayente, en sus redes extendidas a diario, vamos cayendo uno tras otro, en todos los tiempos.
Jesús, una vez más, aprovecha aquella sugerencia, no para entrar en una discusión puntual sobre lo que se le plantea, sino para quitar la careta al torpe chantaje que siempre supone ese dios que tan cerca tenemos, como es el dinero; desenmascarar al ídolo del tener, a la falsa seguridad de querer, tan solo acumular… Y nos enseña esa parábola tremenda que hemos escuchado en el Evangelio: “… túmbate, como, bebe, y date buena vida”; parábola que vemos corregida y aumentada, hoy lo mismo que hace veinte siglos, por las instrucciones que nos dan el placer y las cosas materiales y temporales de esta vida, a las que nos empujan los adoradores de los nuevos becerros de oro: Comprar, consumir, cambiar, aspirar, gozar, disfrutar…
Todo esto no quiere decir, en modo alguno, que tanto Jesucristo como el Cristianismo quieran que seamos unas personas tristes y que vayamos a entristecer a los demás, que seamos unos aguafiestas de la vida… Algo de todo lo contario lo hemos podido ver en la JMJ de Brasil 2013, a través de la 13TV. Lo que Cristo y el Cristianismo denuncian es que, poco a poco, vayamos creyéndonos que el problema de nuestra felicidad depende de lo que tengo y de lo que pueda acumular.
El problema viene cuando nos quitamos el disfraz del personaje y sale hacia fuera la realidad de la persona, el drama viene cuando en el camerino de nuestra intimidad nos quitamos los maquillajes sociales y aparecen las arrugas de nuestra alma que habíamos disimulado debajo de tantas capas de apariencia falsa.
Y cuando los anunciadores actuales del consumo van llenando nuestra siempre insatisfecha sociedad al jardín de las delicias donde está el monumento al “dios dinero”, y cuando logrado el objetivo propuesto de adquirir o disfrutar de lo que se nos prometía lo último de lo último, seguimos masticando la tristeza y la sensación de cansancio; y cuando en esta interminable espiral de ansiedad constatamos que nos falta demasiado para vivir felizmente; y cuando entrando al trapo del consumo, del dinero y del placer inhumano, lo que mayormente conseguimos es agobio, vanidad, enfrentamiento, ansiedad, injusticias, deshumanización… Entonces miramos los cristianos a Jesús, como aquellos otros hicieron hace dos mil años, y creemos que la única riqueza que no mancha, ni corrompe, ni ofrenda, ni destruye, es esa de la cual nos habla también hoy Jesús: “No amasar riquezas para sí, sino ser rico para Dios”.
Entonces, a la luz de este Evangelio, comprendemos que efectivamente Jesús no es rival de lo bueno, ni de lo bello, ni de lo gozoso, pero sí es implacable contra todo intento deshumanizador que pretende comprar y vender la felicidad y la alegría, bajo una bondad, una belleza y una alegría que son falsas, sencillamente falsas.


QUE ASÍ SEA