25 de julio de 2016

DESCONCIERTO E INCERTIDUMBRE

¿Quizás no hayamos contribuido, en cierta manera, a incrementar el desconcierto del pueblo de Dios?

Vayamos por partes. La principal causa de la crisis que estamos viviendo en todos los niveles, no solo en España, sino en gran parte del resto del mundo, es crear y aumentar la incertidumbre, la duda. Y si no, que se lo pregunten a los mercados financieros y la prima de riesgo después de un atentado terrorista. Esto nos lleva al desconcierto, de no saber lo que es verdad o irreal. Vamos pisando terreno peligroso para cazar a un muñeco virtual (Pokemon). Nos alejamos de la realidad que, aunque no nos gusta, no hacemos nada por transformarla, que es mucho más positivo que cambiarla.

            Estas afirmaciones opinables se trasladan también al campo de la Iglesia, de la pastoral y de las líneas maestras que constantemente nos están indicando que hagamos. Aunque no es el tema principal de esta reflexión, pero no quiero dejar pasar la ocasión para decir que lo más importante es sembrar, sembrar y sembrar…, sin esperar a que seamos nosotros mismos quienes recojamos los frutos.

            ¿Qué nos está pasando en las comunidades parroquiales donde los bautizados palpan lo que es la Iglesia? Es allí donde ellos pueden sentir que son parte de la Iglesia o no. ¿Qué estamos haciendo?

Me hago la siguiente pregunta: ¿No hemos colaborado con nuestras acciones u omisiones al alejamiento de algunos cristianos de la comunión eclesial? Por acción o por omisión, da igual. Pero vengo notando en los últimos tiempos, sin precisar el tiempo concreto, que hay personas de las de siempre, aquellas que han “echado los dientes” en la parroquia, que se sienten desconcertadas. La semilla que sembraron los mayores, no está siendo regada adecuadamente. Y estas sencillas personas, quizás con una formación suficiente para mantener una relación íntima con el misterio de Dios, no saben a qué atenerse, porque se sienten invitadas a mirar “los escaparates parroquiales”, en busca de la oferta más apetecible para ellos en estos momentos. Y lo que dice un pastor de la Iglesia, no se tarda mucho en oír la contraria, cuando no la opuesta. Y dicen, “¿ya hemos cambiado en esto, desde esta mañana?”.


Sin embargo, hemos alejado de la comunión eclesial a la gente buena y hemos invitado a que se acerquen a comulgar aquellos que no pueden, porque mantienen una estructura de pecado. Seguimos apelando a la “actualización de la Iglesia”, como si fuera una aplicación del móvil. Estamos “canonizando” situaciones y estructuras de pecado público, bajo la cobertura de que el amor no es malo y que es la Iglesia la que tiene que cambiar. Confundir una vez más el amor con otras estructuras de placer, me parece a mí que no es andar por buen camino. Por ello, sembremos la buena Palabra de Dios en el único terreno que Dios entiende, que es el corazón de los hombres. Sembremos, reguemos que Dios recogerá y almacenará en sus silos del cielo.