16 de marzo de 2017

SOLEMNIDAD SAN JOSÉ



20 DE MARZO DE 2017

            Hacemos una parada festiva en este intenso camino de la Cuaresma, para celebrar la Solemnidad de San José, Patriarca y Patrón de la Iglesia Universal. Aunque su devoción no se remonta a los principios del Cristianismo, su presencia en la Iglesia es inolvidable. Desde aquellos tiempos de Santa Teresa de Ávila, su devoción ha venido creciendo sin parar. Fue el futuro San Juan XXIII, que era muy devoto suyo, quien introdujo su nombre en un canon de la misa. Pero ha sido el Papa Francisco, cuyo pontificado inauguró hace hoy un año, en la fiesta de San José, quien mandó que San José fuera mencionado en las cuatro plegarias eucarísticas. En otras épocas de la historia de la Iglesia, la devoción fue dirigida hacia otros santos y mártires, dejando a San José como figura más desapercibida.
            Aparentemente, no aportó mucho a la Historia, pero en realidad, su papel fue decisivo. ¡Qué importante sería para la Virgen María! Después de quedar embarazada, es de suponer que María estaría inquieta, llena de incertidumbre, nerviosa. La Virgen confiaba plenamente en el Señor y sabía que acudiría en su ayuda, pero probablemente ignoraba el modo concreto en que iba a resolver la situación tan delicada que se había creado. Qué tranquilidad y qué paz supondría para Ella el ver que Josl quien le introdujo en elal, el confesor ordinario de San Pablo. Fue  a resolver la situacib introdujo su nombre en un canon deé la creía, la comprendía y la acogía.
            San José fue también importantísimo para Jesús. Dios se sirvió de José –de su obediencia heroica a lo que le dijo el ángel en sueños- para salvar a su Hijo de las garras de Herodes.
            ¡Cuánto debe la humanidad a personas que son prácticamente desconocidas! Por ejemplo, ¿a quién le suena “un tal Ananías”? Pues fue lo que hoy llamarl quien le introdujo en elal, el confesor ordinario de San Pablo. Fue  a resolver la situacib introdujo su nombre en un canon deíamos el director espiritual, el confesor ordinario de San Pablo. Fue él quien le introdujo en el Cristianismo. Jesús, cuando se le apareció a Saulo camino de Damasco, le dijo: “Ve a Damasco, donde Ananías. Haz lo que él te diga”. Probablemente, muchas de las cosas que nos enseña San Pablo en sus cartas las aprendió de labios de su maestro Ananías.
            Otro ejemplo. Este nos suena más. Santa Mónica, la madre de San Agustín. Sin la oración incansable y perseverante de la santa, no tendríamos hoy en el elenco de los santos a San Agustín. Y seguro que hay otras muchas “Mónicas” cuyos nombres no conocemos. Madres de grandes santos, sin las cuales esos niños quizá nunca hubieran llegado a serlo.
            Otro ejemplo y no de una persona. Me refiero a los Salmos. De la mayoría de ellos no sabemos quién es el autor humano. Pero con el texto de ese autor desconocido, rezan millones y millones de creyentes de todos los tiempos; hallan en ese texto consuelo y fuerza para vivir.
            Si al cualquiera nos preguntaran quiénes son los grandes benefactores de la humanidad, normalmente nombraríamos a personas ilustres, muy conocidas, a las que estudian los niños en las escuelas. Si esa misma pregunta se la hiciéramos al Señor, seguramente obtendríamos otra respuesta. Que San José, en este día suyo, nos enseñe a contemplar a las personas y a los acontecimientos con los ojos de Dios, es decir, con los ojos de la fe.


QUE ASÍ SEA