3 de abril de 2017

DOMINGO DE RAMOS


9 DE ABRIL DE 2017


           Comenzamos la Semana Santa recordando los acontecimientos de aquel domingo en Jerusalén, cuando Jesús entra en la ciudad a lomos de un borrico. Otras muchas veces había entrado por las mismas puertas, pero en esta ocasión de una manera diferente. Allí salen a su encuentro con gritos de entusiasmo por parte de la gente del pueblo sencillo, piadoso y humilde. Jesús acepta el homenaje espontáneo de aquellas gentes. Al igual que tiene que oír, y lo soporta con humildad, las críticas amargas de los poderosos e influyentes del Templo y de la nación elegida por Dios.
            Hoy comenzamos una Semana Santa que va a estar llena de grandes contrastes. No sólo el de los gritos de entusiasmo de hoy con los gritos de condena del Viernes Santo. El gran contraste que existe entre la gente que lo recibe, llenando las calles de Jerusalén, y la ausencia entre el pueblo de los poderosos, al mismo tiempo, soberbios y orgullosos que no veían en Jesús al Hijo de Dios. Cristo humilde y sufriente, rodeado de gente sencilla, tan alejado del falso mesianismo que se habían fabricado artificialmente los judíos de entonces.
            Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. La Pasión, vivida paso a paso a lo largo de esta Semana Santa, es el testimonio más elocuente del inmenso amor que Dios siente por el hombre. Ver a Cristo insultado, cubierto de burlas, golpeado y condenado, colgado de un madero, hecho una llaga de pies a cabeza y suplicando a su Padre Dios el perdón para los verdugos…, debe llevarnos a no protestar cuando el sufrimiento y la contrariedad haga presa en nosotros. Nos debe animar a recorrer el camino que Él recorrió, a amar a ese Jesús, que no duda en dar su vida, a ese Dios que nos quiere tanto.
            Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. Cambiando de escenario, Cristo entra hoy en la ciudad de nuestra alma, rodeada de tantos y tantos sufrimientos. Se encuentra con gente sencilla y también con la ausencia de otros, que se quieren hacer los importantes. Cristo nos mira y se encuentra el déficit de esta sociedad: el secularismo, el vivir no ya lejos de Dios, sino como si Dios no existiera, el buenismo de las relaciones entre personas, los inmigrantes, los poderes de los poderosos, el modelo de familia en crisis, la violencia doméstica, las nuevas tecnologías, desigualdades entre nosotros mismos, escándalos de sacerdotes, divisiones dentro de la Iglesia, aborto, eutanasia… Son algunos de los fuegos que han prendido y que están ardiendo en nuestra sociedad.
            Este es el ring de las ideas que todo cristiano no debe ignorar a la hora de tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. Es el ring de las ideas donde debemos de estar. Y con una sola obsesión: vivir la verdad, que es Cristo Jesús. Que no nos importe pagar un precio, aunque sea alto, con tal de ir desvelando la verdad.
            Jesús es el inocente. Todo el mundo lo dice. Hasta sus más acérrimos enemigos. Los dirigentes religiosos, ausentes en los grandes momentos de la vida de Cristo, no pudieron acusarle de nada… Pilato se lavó las manos porque no vio ninguna culpa en Él… Judas les tira las monedas a los dirigentes religiosos acusándose de haber entregado sangre inocente…
            ¿Y yo? ¿Soporto en silencio el peso de mis obligaciones familiares, profesionales, sociales…? ¿Me quejo de las fatigas que supone luchar contra las grandes mentiras que se van sembrando en la sociedad?
            Hoy, salgamos con un solo propósito para toda la Semana Santa: Aceptar, por amor, el peso de la Cruz.

QUE ASÍ SEA