2 de mayo de 2017

IV PASCUA DOMINGO BUEN PASTOR


7 DE MAYO DE 2017
           
            En tiempos de Jesús había muchas personas que querían ser fieles a Dios. Deseaban conocer su voluntad y cumplirla sinceramente en su vida. Pero se tropezaban con una dificultad: Que no había buenos maestros que les ayudaran a conocer el camino correcto. Cada “maestrillo tenía su librillo” y, además, muy interesado. 
            Aquellas personas tenían el corazón que les guiaba. Sabían que Dios habitaba en lo más profundo de su interior. Allí oían sus palabras. Estaban convencidos que desde allí les guiaba y los orientaba. Por eso es tan importante que estemos atentos a los movimientos que se producen en lo hondo de nuestro corazón, porque a través de ellos el Señor nos quiere ayudar y orientar en el camino de nuestra existencia.
            Ahora bien, esta voz del corazón por sí sola no basta. Necesita de alguien que la oriente, ilumine y haga crecer. Sin esa ayuda, se vuelve poco a poco ambigua, vacilante. Se ve envuelta de dudas. No sabe bien a dónde dirigirse. Por eso le hace falta alguien que le haga de maestro. Una persona que le sirva de ejemplo y le ayude a mantenerse en el camino de la verdad.
            En las palabras del Señor que hemos escuchado en el Evangelio se percibe ese dolor. La apenaba el que muchos no hubieran podido encontrar un maestro que les guiara y orientara por los caminos de Dios. Y hoy puede ocurrir algo parecido. Hoy hay también personas que sinceramente desean marchar por la senda de la verdad. Pero les sucede como a estos otros de los que habla el evangelio, que no encuentran a nadie que les haga de maestro. Y eso sigue doliendo al corazón misericordioso del Señor.
            Celebramos hoy el Domingo del Buen Pastor, que suele ser también el día de la oración por las vocaciones. En esta jornada solemos pedir a Dios que envíe pastores a su pueblo. En la carta a los Efesios San Pablo ofrece una hermosa definición de lo que es un sacerdote: Un servidor de la gracia. Está al servicio de la presencia de Dios en el interior de los hombres. La misión del sacerdote consiste en ayudarnos a que la gracia, la presencia de Dios en nuestro interior se vuelva más viva, más clara y más luminosa.
            El sacerdote es una figura paradójica. Se le encomienda una misión que es incapaz de realizar. Su tarea consiste en llegar al fondo del corazón de los hombres. Pero eso es imposible. El corazón del hombre es infinito, porque en él habita Dios, y el sacerdote es sólo un hombre. Por eso sólo hay una cosa que el sacerdote pueda hacer y es poner a los hombres en contacto con Jesús. Jesús sí que puede llegar hasta el fondo del corazón de cada hombre, porque el Señor, que es hombre como nosotros, es también Dios. Por eso sólo así puede el sacerdote cumplir su misión, ayudando a los hombres a quienes sirve a ponerse en contacto con Jesús.
            Pidamos a Dios que nos envíe pastores que sean servidores de la gracia. Que nos pongan en contacto con Jesús, que es el único pastor de nuestras almas y de nuestros corazones. Lo pedimos por intercesión de la Virgen María y de San José, nuestro Padre y Señor.


QUE ASÍ SEA