6 de junio de 2017

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


11 DE JUNIO DE 2017
           
         Hoy celebramos una de las solemnidades más importantes fuera ya del Tiempo Pascual: El Domingo de la Santísima Trinidad. Y no es casualidad que la Iglesia celebre este misterio justo después de haber celebrado Pentecostés y con él cerrar el tiempo de Pascua. Con ello, la liturgia viene a decirnos que el misterio de la Trinidad sólo lo puede conocer quien nos comunica que Dios no es un ser solitario y apartado de todos, sino más bien un diálogo eterno de amor entre personas distintas. San Agustín explicaba que en este diálogo eterno de amor que es la Trinidad, el amante es el Padre; el amado, el Hijo; y el Espíritu Santo, el amor con que se aman amante y amado.
            Pues bien, cuando entramos en comunión con Jesús, ese diálogo eterno de amor que es la Trinidad se hace presente en nuestro corazón. A través del Señor la vida trinitaria se introduce en lo más profundo del hombre y habita en Él. Es San Juan quien refiere que el Señor en la Última Cena llegó a decir que el que le ama guardará su palabra, y el Padre lo amará y que vendrán a él y harán morada en su interior.
            Es verdad que, de alguna manera, el misterio de la Santísima Trinidad está ya presente en toda la creación. En el universo hay infinidad de seres muy diversos, pero todos ellos forman una unidad maravillosa y ordenada. Algunos Padre de la Iglesia decían que la creación es como un sinfonía: hay multitud de instrumentos distintos, pero todos ellos forman una única armonía. Por eso, en cierto modo, puede decirse que entre todos los seres hay amor, porque no va cada uno por su lado, sino que todos están cohesionados ordenadamente en esa maravillosa sinfonía que es la creación.
            Recordando esta enseñanza de los Padres de la Iglesia, decía el Papa emérito Benedicto XVI que todo el universo, para quien tiene fe, habla de Dios uno y trino. Desde los espacios interestelares hasta las partículas microscópicas, todo lo que existe remite a un Ser que se comunica en la multiplicidad y variedad de los elementos, como en una inmensa sinfonía. Todos los seres están ordenados según un dinamismo armonioso, que analógicamente podemos llamar amor.
            Pero si bien es verdad que, en cierto sentido, el amor se da en todas las criaturas, en el universo material sólo llega a su plenitud en el hombre: Sólo Él es libre, y el amor únicamente es auténtico cuando se dona y se recibe con libertad. Por eso, vuelve a decir Benedicto XVI: “Pero sólo en la persona humana, libre y racional, este dinamismo llega a ser espiritual, llegar a ser amor responsable, como respuesta a Dios y al prójimo en una entrega sincera de sí. En este amor, el ser humano encuentra su verdad y su felicidad.
            Pidamos al Espíritu Santo que infunda un amor cada vez mayor en nuestros corazones, para que de ese modo vaya creciendo en la Iglesia y en el mundo entero la presencia de la Santísima Trinidad.



QUE ASÍ SEA