22 de junio de 2017

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

LA MISERICORDIA DE DIOS
23 DE JUNIO DE 2017

            El broche de oro a todas las fiestas que hemos venido celebrando en este último tramo del tiempo Pascual. La más destacable y enriquecedora. La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Podemos recrearnos hoy a resumir las actitudes y sentimiento de Jesús con relación a nosotros.
            Nosotros no podemos llegar a conocer el Amor de Dios en Sí mismo, porque supera todas los niveles de capacidad en nuestra cabeza. Por esta misma razón, Dios decidió encarnarse en el seno virginal de María Santísima y hacerse hombre como uno de nosotros, semejante en todo menos en el pecado y en el error. Dios se hizo hombre para salvarnos del pecado y para manifestar, a través de un rostro y de unas palabras humanas, todo el Amor infinito que Dios nos tiene a cada uno de nosotros. Por eso nunca llegaremos a alegrarnos lo suficiente en el significado de esta fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
Por mucho que amemos y nos entreguemos a los demás, siempre será posible amar más, ser más generosos, renunciar más a nuestro egoísmo…, y por consiguiente conocerle mejor.
En la fiesta del Corpus Christi de hace pocos días, nos fijábamos en la necesidad que tenemos de la fe y de la necesidad de ser tremendamente humildes con Cristo en la Eucaristía. Hoy podemos seguir considerando esta virtud de la humildad. Porque la fe implica confiar totalmente en Jesucristo, sin dejar ningún resquicio a la desconfianza. La humildad supone dejarnos amar por Cristo. Alguno pensará que esto es fácil. Pero, para dejarse amar por Cristo, es imprescindible arrancar del alma todo aquello que lo impide o dificulta. Y para esto, hemos de comenzar por reconocer que somos pecadores, que nos duele serlo y que hemos de pedir perdón y tratar de corregirnos. Todas estas tareas requieren de mucha dosis de humildad. Sin embargo, el premio es extraordinario; el premio es la ternura de Dios. Así nos damos cuenta que el amor que Dios no tiene no tiene nada que ver con un amor abstracto o impersonal.
Dios que nos ama con nuestros defectos, que no mira los pecados, sino a sus hijos, a cada uno, a cada una. Por eso nos perdona siempre. Pero no podremos sentir esta cercanía y ternura de su corazón, mientras no nos arrepintamos de esos pecados y recibamos el abrazo del perdón; que convierte nuestras miserias en camino hacia Dios.
En los últimos siglos parece que hay un empeño especial del Espíritu Santo en destacar el papel del Corazón misericordioso de Cristo en la vida de los cristianos. Numerosos santos lo han entendido así y lo han publicado. El resumen es el mismo: somos objeto constante de la Misericordia de Dios. Es el camino de los humildes.


QUE ASÍ SEA