2 de agosto de 2016

CARTA PRELADO OPUS DEI AGOSTO 2016

"Nuestra Madre nos invita a luchar para corresponder a Dios con alegría y generosidad total", dice el Prelado en su carta de agosto, donde también comenta una obra de misericordia espiritual: sufrir con paciencia los defectos del prójimo.

DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO

CLUB DE ÉLITE

7 de Agosto, 2016

         Este domingo se nos plantea “la pregunta del millón”, sobre el ambiente que vivimos en la sociedad. La pregunta estaría formulada de esta manera: ¿Quién es capaz de salirse del “sistema”? Porque, quien más y quien menos, todos nos vemos en la obligación de vivir con unas reglas de juego que van acordes con esta generación y con el ambiente social en el que nos movemos. Pero vivir con estas reglas que se nos proponen, no significa que haya que acomodarse a ellas: unas veces habrá que seguirlas, otras no nos quedará más remedio que evitarlas y hasta que combatirlas pacíficamente.

         Y una de esas reglas es la de la economía, la del mercado, la del dinero. La sociedad nos sigue diciendo que si queremos ser alguien, hemos de subir, tener una palabra que se oiga, una causa a la que se apunten mucha gente, un prestigio que cause envidia y un estilo de vida que sea aplaudido mayoritariamente, hay que tener avales, cuentas corrientes abultadas…

         Quien tiene la osadía de enfrentarse a ese modelo de “sistema”, el mismo sistema se encarga de marginarlo, de apartarlo. Porque una sociedad que se sustenta en gran medida sobre el tener, el acumular, el consumir…, tiene derecho de admisión en su “club” sobre sus posibles clientes o víctimas. De modo que quien crea y viva de manera que los valores de un mundo opulento e insolidario, no sean sus valores, puede hacerlo, pero sabiendo que ese mundo no se lo perdonará, y en cuanto pueda –que será más pronto que tarde-, se lo hará pagar. Le cerrará las puertas posibles, menos la de la libertad.

         Por eso Jesús, sabiendo el riesgo que se corre al vivir de veras el Evangelio, les dice a sus discípulos: “No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el Reino”. Con la ternura de quien se acerca samaritanamente a un pequeño desvalido, a una comunidad indefensa, y también con la confianza de quien habla del Padre, y de su hogar, y de su sueño: El Reino. Se cumplirá la paradoja de las bienaventuranzas: Los pobres heredarán el reino de Dios.

         Y dicho todo esto, vuelve a su tema el Señor: “Vended vuestros bienes, dad limosna, haceos talegas que no se echen a perder, y un tesoro inagotable en el cielo, donde no hay ladrones ni polilla”. Realmente, ¿qué sentirían aquellos primeros oyentes de estas palabras revolucionarias? Jesús sigue lavando las falsas caretas del chantaje de una riqueza que no llena el corazón, que sólo sirve para vaciarlo por dentro y para enfrentarlo por fuera. Y quitando la careta a tantos “bienes” codiciados, les dice Jesús a los suyos: “¿Dónde está vuestro tesoro? Pues allí estará vuestro corazón”. ¿De qué riquezas está lleno vuestro corazón? Pues así de noble y grande será vuestro tesoro. No es necesario poner velas a la bonoloto de turno, porque nuestra suerte ya ha entrado en nosotros, trayéndonos el premio correspondiente a cada uno. ¡Porque todos llevamos el número premiado! La riqueza que nuestro corazón busca es justamente un Nombre, una Persona.

         Ante la pasividad, la desgana, el cansancio y la tristeza de los que se han hastiado de seguir y perseguir riquezas que no pueden llenar el corazón, se nos pide a los cristianos mostrar nuestras ganas de caminar, de mostrar el gusto por la vida, ciñéndonos de esperanza, buen amor y buen humor. Ante los que apagaron ya sus luces, y agotaron el aceite de sus lámparas, cansados de esperar a quien nunca vendrá, se nos invita a los cristianos a mantener nuestra lámpara encendida, con recaudo de aceite, para esperar al que incesantemente viene. No, no tengamos miedo, aunque seamos pocos, un pequeño rebaño indefenso y aparentemente inútil, pero al que el Padre prometió su reino, y cuya promesa se cumple en cada instante, en toda relación, en cada circunstancia.


QUE ASÍ SEA

31 de julio de 2016

GRACIAS, POLONIA

He vuelto a Polonia, después de seis años por medio de 13TV, para la JMJ de Cracovia y en esta ocasión he sido más consciente de las gracias recibidas.

Con mis ganas me he quedado. No he podido ir a Polonia para la JMJ en la casa de San Juan Pablo II, al que le debo tantos favores y caminos abiertos en mi vida sacerdotal. Y todo por falta de previsión.
Pero la providencia divina ha sido favorable y ha permitido que pudiera seguir las retransmisiones en directo; ha hecho posible que lo más importante no coincidiera con mis obligaciones pastorales. Me he asomado a la pantalla de la televisión y he sido un peregrino de primera fila, junto al Papa Francisco. Y me ha entusiasmado todo lo que he visto y oído.
Me he empapado de todas y cada una de las palabras del Papa, pudiendo tomar apuntes en la tablet para después poderlas llevar a la oración, sin esperar a su publicación en Internet. Quería oírlas directamente del Papa, como si de una meditación dirigida se tratara. Dardos directos a los jóvenes, a los sacerdotes…, a mí me estaba hablando.
Me senté en un banco de Auschwitz para rezar con el Papa por tanta crueldad como la que se vivió en aquel campo de concentración, entrando también solo, junto a él, por aquella puerta de hierro fatídica, con su lema iluso y mortal de necesidad. Rezaba por millón y medio de personas exterminadas por el odio de los hombres. Fui con el Papa, pasa a paso por aquellos barracones, rezando en la oscuridad de la celda de San Maximiliano Kolbe, entrando por la vías del ferrocarril que conducían a la muerte, ante las cámaras de gas… Y todo en silencio como el Papa. Las mismas palabras en el libro de oro en Auschwitz "¡Señor, ten piedad de tu pueblo! ¡Señor, perdón por tanta crueldad!"-, también son mías, escritas con mi puño y letra.
Recé en cada una de las estaciones del vía crucis, alternando los pasos de la pasión del Señor con las obras de misericordia. Me acordaba de aquella otra vivida en Madrid en 2011 con Benedicto XVI. Hice mías todas y cada una de las palabras del Papa a los jóvenes. Oré intensamente con más de dos millones de Jóvenes en el Parque de la Misericordia en la Vigilia y “concelebré” en la misa de clausura. Me emocioné con los panameños al oír el anuncio de la próxima JMJ 2019, a la que casi estoy seguro que no asistiré.
Y doy las gracias a Polonia, a los voluntarios, a los que han trabajado todo este tiempo para organizar una de las mejores JMJ que he podido vivir, aunque sea en la distancia. Me quedo con detalles pequeños. Los intensos silencios de cientos de miles de jóvenes en un mismo recinto convertido en Basílica Mayor, rezando con el Papa. Gestos de ponerse de rodillas a la hora de comulgar -¡todos en la boca!- y a la hora de dar gracias en medio de una muchedumbre como si se hubiesen quedado solos con Cristo. Esas caras sonrientes y radiantes que se sorprendían al verse en las pantallas gigantes cuando les estaban enfocando. Doy las gracias por una liturgia piadosa y perfectamente cuidada, para el Papa Francisco que su línea es más pastoralista y no se detiene mucho en estas cuestiones, según dicen sus más cercanos. Sacerdotes bien identificados, religiosas con sus hábitos, cirios y velas sobre el altar, crucifijo en el centro del altar, presentación de ofrendas…, y muy pocos “pantaloncitos cortos”, haciendo el ridículo…

Gracias, Polonia -¡semper fidelis!-. ¡Cuánto hemos de aprender de vosotros! ¡Cuánto nos habéis enseñado! ¡¡¡Gracias!!!

25 de julio de 2016

DESCONCIERTO E INCERTIDUMBRE

¿Quizás no hayamos contribuido, en cierta manera, a incrementar el desconcierto del pueblo de Dios?

Vayamos por partes. La principal causa de la crisis que estamos viviendo en todos los niveles, no solo en España, sino en gran parte del resto del mundo, es crear y aumentar la incertidumbre, la duda. Y si no, que se lo pregunten a los mercados financieros y la prima de riesgo después de un atentado terrorista. Esto nos lleva al desconcierto, de no saber lo que es verdad o irreal. Vamos pisando terreno peligroso para cazar a un muñeco virtual (Pokemon). Nos alejamos de la realidad que, aunque no nos gusta, no hacemos nada por transformarla, que es mucho más positivo que cambiarla.

            Estas afirmaciones opinables se trasladan también al campo de la Iglesia, de la pastoral y de las líneas maestras que constantemente nos están indicando que hagamos. Aunque no es el tema principal de esta reflexión, pero no quiero dejar pasar la ocasión para decir que lo más importante es sembrar, sembrar y sembrar…, sin esperar a que seamos nosotros mismos quienes recojamos los frutos.

            ¿Qué nos está pasando en las comunidades parroquiales donde los bautizados palpan lo que es la Iglesia? Es allí donde ellos pueden sentir que son parte de la Iglesia o no. ¿Qué estamos haciendo?

Me hago la siguiente pregunta: ¿No hemos colaborado con nuestras acciones u omisiones al alejamiento de algunos cristianos de la comunión eclesial? Por acción o por omisión, da igual. Pero vengo notando en los últimos tiempos, sin precisar el tiempo concreto, que hay personas de las de siempre, aquellas que han “echado los dientes” en la parroquia, que se sienten desconcertadas. La semilla que sembraron los mayores, no está siendo regada adecuadamente. Y estas sencillas personas, quizás con una formación suficiente para mantener una relación íntima con el misterio de Dios, no saben a qué atenerse, porque se sienten invitadas a mirar “los escaparates parroquiales”, en busca de la oferta más apetecible para ellos en estos momentos. Y lo que dice un pastor de la Iglesia, no se tarda mucho en oír la contraria, cuando no la opuesta. Y dicen, “¿ya hemos cambiado en esto, desde esta mañana?”.


Sin embargo, hemos alejado de la comunión eclesial a la gente buena y hemos invitado a que se acerquen a comulgar aquellos que no pueden, porque mantienen una estructura de pecado. Seguimos apelando a la “actualización de la Iglesia”, como si fuera una aplicación del móvil. Estamos “canonizando” situaciones y estructuras de pecado público, bajo la cobertura de que el amor no es malo y que es la Iglesia la que tiene que cambiar. Confundir una vez más el amor con otras estructuras de placer, me parece a mí que no es andar por buen camino. Por ello, sembremos la buena Palabra de Dios en el único terreno que Dios entiende, que es el corazón de los hombres. Sembremos, reguemos que Dios recogerá y almacenará en sus silos del cielo.

3 de julio de 2016

CARTA PRELADO OPUS DEI JULIO 2016


El carné de identidad del cristiano es la alegría

24 de junio de 2016

XVIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO

MONUMENTO AL “DIOS DINERO”

31 de Julio, 2016

Alguien de entre la muchedumbre que escuchaba atenta a Jesús, llama su atención para que aclare y ponga las cosas en su sitio en un tema de herencia familiar. Como en muchas ocasiones, en una familia se ha montado una trifulca por la herencia de un difunto. Aparece en escena ese “poderoso caballero, que es don dinero”, el que nos hace acercarnos al desearlo excesivamente; es tremendamente atrayente, en sus redes extendidas a diario, vamos cayendo uno tras otro, en todos los tiempos.
Jesús, una vez más, aprovecha aquella sugerencia, no para entrar en una discusión puntual sobre lo que se le plantea, sino para quitar la careta al torpe chantaje que siempre supone ese dios que tan cerca tenemos, como es el dinero; desenmascarar al ídolo del tener, a la falsa seguridad de querer, tan solo acumular… Y nos enseña esa parábola tremenda que hemos escuchado en el Evangelio: “… túmbate, como, bebe, y date buena vida”; parábola que vemos corregida y aumentada, hoy lo mismo que hace veinte siglos, por las instrucciones que nos dan el placer y las cosas materiales y temporales de esta vida, a las que nos empujan los adoradores de los nuevos becerros de oro: Comprar, consumir, cambiar, aspirar, gozar, disfrutar…
Todo esto no quiere decir, en modo alguno, que tanto Jesucristo como el Cristianismo quieran que seamos unas personas tristes y que vayamos a entristecer a los demás, que seamos unos aguafiestas de la vida… Algo de todo lo contario lo hemos podido ver en la JMJ de Brasil 2013, a través de la 13TV. Lo que Cristo y el Cristianismo denuncian es que, poco a poco, vayamos creyéndonos que el problema de nuestra felicidad depende de lo que tengo y de lo que pueda acumular.
El problema viene cuando nos quitamos el disfraz del personaje y sale hacia fuera la realidad de la persona, el drama viene cuando en el camerino de nuestra intimidad nos quitamos los maquillajes sociales y aparecen las arrugas de nuestra alma que habíamos disimulado debajo de tantas capas de apariencia falsa.
Y cuando los anunciadores actuales del consumo van llenando nuestra siempre insatisfecha sociedad al jardín de las delicias donde está el monumento al “dios dinero”, y cuando logrado el objetivo propuesto de adquirir o disfrutar de lo que se nos prometía lo último de lo último, seguimos masticando la tristeza y la sensación de cansancio; y cuando en esta interminable espiral de ansiedad constatamos que nos falta demasiado para vivir felizmente; y cuando entrando al trapo del consumo, del dinero y del placer inhumano, lo que mayormente conseguimos es agobio, vanidad, enfrentamiento, ansiedad, injusticias, deshumanización… Entonces miramos los cristianos a Jesús, como aquellos otros hicieron hace dos mil años, y creemos que la única riqueza que no mancha, ni corrompe, ni ofrenda, ni destruye, es esa de la cual nos habla también hoy Jesús: “No amasar riquezas para sí, sino ser rico para Dios”.
Entonces, a la luz de este Evangelio, comprendemos que efectivamente Jesús no es rival de lo bueno, ni de lo bello, ni de lo gozoso, pero sí es implacable contra todo intento deshumanizador que pretende comprar y vender la felicidad y la alegría, bajo una bondad, una belleza y una alegría que son falsas, sencillamente falsas.


QUE ASÍ SEA

SOLEMNIDAD DE SANTIAGO APÓSTOL

SANTIAGO Y SUS TRUENOS


25 de Julio de 2016

         Por un momento nos vuelve a sorprender esta página del Evangelio, referida a la Solemnidad de Santiago Apóstol. Volvemos a contemplar el mismo camino de los últimos domingos, subiendo a Jerusalén, rodeado de un grupo grande de discípulos. Entre ellos, ya habían sido elegidos los Doce Apóstoles, con la promesa de la misión de predicar en el Evangelio en su Nombre. Jesús tomará a este pequeño grupo de amigos más cercano, más íntimos para decirles el porqué están yendo camino de Jerusalén. Y lo que les viene a decir es lo que particularmente a Él le espera en esa meta de llegada: su prendimiento, un juicio condenatorio, cargar con el cruz y morir en ella.

         En ese momento, dos de los que habían sido llamados a ser apóstoles, discípulos más próximos, los hijos de Zebedeo, aprovecharán a su propia madre para trasladarle al Señor sus intenciones: “Concédenos sentarnos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda”. Era como pedirle dos carteras ministeriales en el gobierno del Reino de Dios, o como pedirle una recomendación eficaz allí en la vida eterna, con puesto y nómina incluidos.

         Con la paciencia de Dios, Jesús va y les dice dulcemente: “No sabéis lo que pedís”. Y aprovechará el momento para hablarles del poder. Porque podrían creer los discípulos que había que organizarse como se organizan los sistemas de poder económico o político. Jesús quiere deshacer el equívoco y hablar que cómo el poderío que Él trae y que Él vive, no es el de la fuerza prepotente, sino el del servicio discreto y preciso. Servir, como quien da la vida en vez de aprovecharse para obtener beneficios, esta es la clave de la entrega del Señor. Algo que entonces y siempre, necesitamos todos aprender.

         Santiago se vino hasta España, que entonces era la última y más lejana provincia del Imperio Romano, para contar a nuestras gentes lo que él había encontrado en su vida. Forma parte de ese grupo de Apóstoles más íntimos del Señor, y contará con el inmenso privilegio de haber visto a Jesús en su momento más luminosos y en el más oscuro de su vida. Santiago estará en el monte Tabor, cuando Jesús revestido de luz anticipe la gloria de la belleza de Dios. Santiago también estará en el huerto de los Olivos, cuando el Señor se bata en la agonía cruda del suplicio que se le avecina. De todo esto es testigo Santiago, discípulo de Jesús: de cómo Dios ha querido abrazarnos en lo más hermoso de la luz y ha querido, igualmente, ser nuestro en las horas más bajas de su entrega.

         Su sepulcro en Compostela ha sido visitado por innumerables peregrinos, romeros de la vida, que hasta allí se encaminan como buscadores de los senderos de Dios. En dos ocasiones, desde la parroquia, hemos hecho el camino portugués; en dos ocasiones, también como parroquia hemos peregrinado hasta el Apóstol. Y en esa andadura hemos ido despacio, como concediéndonos un tiempo para pensar, para orar, para pedir y para ofrecer, para comprender en el propio andar cómo Dios mismo se ha hecho para nosotros no sólo el Camino, sino también el Caminante a nuestro lado.


QUE ASÍ SEA